SOBRE EL VIEJO HUMANISMOEntendemos por humanismo la tradición de una larga sabiduría, vertida por escrito, que tiene sus orígenes en la cultura greco-latina y en el posterior elemento catalizador cristiano y cuyo propósito no es otro que el ennoblecimiento armónico del ser humano en sus facetas ética y estética, existencial y espiritual. Hemos querido ser bien explícitos
desde el mismo título (y subtítulo) del libro. Al elegir la expresión
«viejo humanismo», hemos descartado la alternativa de «humanismo
clásico», porque ese término parece asumir connotaciones filológicas o estilísticas que no lo definen, a nuestro juicio, por entero. Tampoco se trata de «humanismo antiguo» —aunque de la Antigüedad
recibe su savia—, pues sigue presente en la obra y el pensamiento de algunos autores de la época moderna (por más que ésta vaya, en realidad, por derroteros totalmente distintos). Precisamente, el sentir
mayoritario de la modernidad —que considera a esa tradición como un «trasto viejo»— justificaría, en primera instancia, el adjetivo elegido. Pero su anteposición al nombre indica nuestro verdadero punto de vista: no sólo porque alude al respeto por su larga (es decir,
«vieja») trayectoria, sino también porque traslada la emotividad con la se puede hablar de una «vieja ilusión» o de un «viejo amigo». Tampoco es difícil imaginar que la elección del adjetivo no sólo cobra sentido por estas razones, sino sobre todo por su oposición a los humanismos
«nuevos». Desde la perspectiva que mantenemos en este libro, y como trataremos de ver a lo largo del mismo, estos «humanismos
» de la modernidad —herederos todos ellos de la Ilustración—, basados en el progreso, el humanitarismo, el igualitarismo democrático,
el realismo científico, navegan con aquel nombre bajo pabellón falso y conculcan, de hecho, algunos de los principios más arraigados
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del viejo humanismo. No es que esta tradición no los acepte: es que no entiende por qué circulan con su bandera.
Como reza el subtítulo del libro, éste presenta en sus diez capítulos
la forma de una «exposición» histórica de la tradición humanística,
en la que destacamos lo que, a nuestro juicio, son las aportaciones
más significativas que diversos autores, en diversas épocas, han realizado hasta la actualidad para construir, fijar o interpretar los rasgos
esenciales de esa tradición. Y también los elementos corruptores que han ido minando o disolviendo el legado humanístico desde el principio mismo de los tiempos modernos (en los siglos xvi y xvii). Nuestra exposición examinará los temas en el marco cronológico en el que aparecen, pero no escasearán remisiones a la actualidad para reflexionar, a menudo en forma de contraste, sobre la incidencia o el tratamiento contemporáneo de dichos temas. En este sentido, la exposición
de la materia se lleva a cabo desde el punto de vista —o el punto de fuga— de nuestros días, lo cual, desde luego, no quiere decir
que se asuman los presupuestos de la «modernidad».
En otro orden de cosas, cualquier erudito advertirá en seguida que éste no es un libro de erudición, y cualquier estudioso del humanismo
percibirá de modo igualmente rápido —y quizá con un mohín
decepcionado— que tampoco se trata de un libro «académico». Que le falta neutralidad y que le sobra interpretación. Ciertamente, no hemos moderado hasta la moderación excesiva nuestro apasionamiento,
aunque nos justificamos con lo que decía Epicuro en uno de sus Fragmentos: «También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno». Aspiramos, en cualquier caso, a que la subjetividad
confesada de nuestra lectura no sobrecargue, sino que dimensione,
los temas, los textos y los autores que constituyen el hilo objetivo de la exposición. Ésta asume, en cualquier caso, la libertad del modo ensayístico, no sólo por ser éste el natural cauce histórico de la reflexión humanística, sino porque, como rez