REALIDAD DAIMONICA«Todo aquello en lo que es posible creer es una imagen de la verdad.»
William Blake
«No es posible hablar adecuadamente de los Dioses sin los Dioses.»
Jámblico
«… con el antiguo filósofo, la deidad es una fuente inmensa y en perpetua exuberancia, cuya corriente llenó en origen y vuelve a llenar continuamente el mundo de vida. Por ello el universo contiene en su amplio seno todas las naturalezas genéricas, divinidades visibles e invisibles, la ilustre raza de los dáimones, el noble ejército de las almas exaltadas y el hombre que ha llegado a ser feliz mediante la sabiduría y la virtud.»
Thomas Taylor
INTRODUCCIÓN
Un libro sobre apariciones y visiones siempre está rodeado por cierto clima de incomodidad. No son temas respetables. Apenas son mencionados por lo que podríamos llamar «representantes oficiales de nuestra cultura», como los académicos, las iglesias o la prensa de prestigio. Y si los científicos llegan a mencionarlos, suele ser para denunciarlos. Se considera que las apariciones y similares son imposibles, y si hay personas que aseguran haber visto cosas raras, se las toma por ilusas. El problema está en que, si es una ilusión, ha persistido a través de toda la historia y parece estar tan extendida ahora como lo ha estado siempre, a juzgar por el número de avistamientos registrados de toda clase de entidades anómalas, desde fantasmas hasta «platillos volantes» y misteriosos gatos grandes y negros, desde monstruos de lagos a Vírgenes y extraños «extraterrestres». Tal vez no haya nada especialmente importante en tales avistamientos, salvo por las preguntas que suscitan sobre la naturaleza de la realidad, de la mente o de ambas. Puede ser, para citar a C. S.
Lewis, que «su propia falta de importancia sea su importancia».
Por cada persona que está segura de haber visto algo que no pertenece a este mundo, hay muchas otras que creen que es posible ver tales cosas y conocen a alguien que lo ha hecho. No existen estadísticas inequívocas para esta afirmación, tan sólo me baso en conversaciones que he mantenido a lo largo de los años con todo tipo de personas. Pero mi suposición de que hay al menos tantos «creyentes» como personas que no creen en la realidad de ningún tipo de aparición se ve parcialmente confirmada por la enorme cantidad de libros y pequeñas publicaciones consagrados a este tema. Éstos reciben poca o ninguna atención por parte de los representantes de la cultura oficial; leyendo las reseñas de libros, por ejemplo, ni nos enteraríamos de que existen. Y así parece que no sólo haya un abismo profundo entre creyentes y no creyentes, sino también entre la cultura oficial y respetable y una buena parte de la cultura popular. Tales abismos siempre me han inquietado; de hecho, me empujaron a buscar algún libro que pudiera salvarlos. Se trataría de la clase de libro que, en lugar de denunciar experiencias visionarias con un estilo prepotente, se las tomaría en serio. Tendería a creer que, en general, la gente sabe lo que está viendo. Al mismo tiempo, no buscaría una aclaración de las cosas que ven, ni explicarlas con teorías extravagantes y sensacionalistas. Sin embargo, no temería ofender al sentido común si hacerlo fuera inevitable. Y, desde luego, no emplearía una densa jerga pseudocientífica para dar cierto aire de respetabilidad a la empresa. Después de fracasar en la búsqueda de un libro que cumpliera estos requisitos, decidí escribirlo yo mismo. Llegué a la conclusión de que era necesario algún marco en el que fuera posible contemplar lo imposible y pensar lo impensable.
Afortunadamente, no tuve que inventarme dicho marco, pues ya existía uno en forma de una tradición intelectual sobre la que este libro espera llamar la atención. No se trata de un sistema de pensamiento, ni tampoco es una disciplina, ni una filosofía, religión, psicología, ciencia, etc., aunque toca todo eso. Es más como una manera de ver, una perspectiva del mundo. (No es necesario conocer el cuerpo de esa tradición para<